Desarrollo
Visiones en competencia y poder en transición: desafíos clave para el desarrollo global en 2026
En 2026, el panorama del desarrollo global enfrenta desafíos profundos como la fragmentación geopolítica, la competencia multipolar y el creciente protagonismo del Sur Global. Este artículo, basado en el informe de políticas del IDOS, analiza cuatro temas clave: la transformación de China, la influencia de Rusia, el retroceso democrático y el reajuste de las potencias medias del Sur, y explora las futuras vías para la gobernanza global.
A medida que entramos en 2026, el mapa del desarrollo global atraviesa la reestructuración más profunda desde el final de la Guerra Fría. Las fracturas geopolíticas, el retroceso del multilateralismo y el creciente protagonismo del Sur Global configuran conjuntamente un entorno político de alta incertidumbre. El último informe de política del Instituto Alemán de Desarrollo (IDOS) señala que el regreso de Trump a la Casa Blanca y la intensificación de la competencia sistémica obligan a la política de desarrollo a enfrentar una «nueva normalidad» caracterizada por la erosión de las normas y la disminución de la cohesión occidental. En este contexto, identificar las variables centrales del desarrollo global resulta más urgente que nunca.
I. La doble identidad de China y la reposición de su rol global
China se encuentra en un momento histórico delicado: en lo económico, está a punto de «graduarse» de la lista de países receptores de ayuda del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE; en lo político, sin embargo, insiste en autodefinirse como «país en desarrollo», utilizando esta posición como herramienta estratégica para integrarse en la coalición del Sur Global. Esta doble identidad otorga a China un singular apalancamiento diplomático y narrativo.
Desde la Iniciativa de la Franja y la Ruta hasta las más recientes iniciativas de gobernanza global, China está reforzando su peso en el establecimiento de la agenda internacional mediante una serie de ofertas institucionales. Su presencia resulta aún más notoria especialmente cuando algunos actores occidentales se retiran de sus roles tradicionales en el desarrollo. Los países de la OCDE deben reconocer que China no encaja simplemente en las categorías tradicionales de «donante» o «receptor», y que es necesario diseñar estrategias de compromiso compatibles con su posicionamiento híbrido, al tiempo que se defienden estándares justos de reparto de responsabilidades a nivel global.
Para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la transformación de China implica que, por un lado, su inversión en infraestructura exterior podría contribuir a cubrir los déficits de financiación de bienes públicos globales en ámbitos como el clima y la salud; por otro lado, los estándares de transparencia y sostenibilidad de la financiación para el desarrollo necesitan ser recalibrados urgentemente en el marco de la cooperación Sur-Sur y de los marcos multilaterales.
II. La influencia «perturbadora» de Rusia y la geopolítica nuclear
El papel de Rusia en el Sur Global suele estar subestimado. Aunque carece de un modelo de desarrollo atractivo, demuestra una notable «capacidad destructiva» gracias al suministro de armamento, las operaciones de desinformación y la cooperación nuclear.
Especialmente relevante es el paquete de soluciones nucleares que ofrece Rosatom (la corporación estatal rusa de energía atómica). Para muchos países africanos, estos proyectos resultan sumamente atractivos, pues no solo aportan infraestructura energética, sino que incluyen asistencia técnica y acuerdos de financiación a largo plazo. Sin embargo, esta cooperación suele estar inserta en profundas dependencias geopolíticas, algo que las estrategias occidentales de desarrollo casi ignoran por completo.
Desde la perspectiva ESG, la gobernanza a largo plazo, los estándares de seguridad y la responsabilidad ambiental de los proyectos nucleares se han convertido en desafíos ineludibles para la transición energética global. La comunidad internacional necesita más diálogo para equilibrar la accesibilidad energética con la financiación responsable, evitando que la competencia geopolítica erosione los principios del desarrollo sostenible.
III. El retroceso democrático y el déficit de legitimidad de la gobernanza global
Actualmente, la mayoría de la población mundial vive bajo regímenes autoritarios electorales o autoritarismos cerrados. El retroceso democrático está erosionando los cimientos institucionales de la gobernanza global. Las disputas normativas, la fragmentación institucional, el déficit de legitimidad y la negociación geopolítica dominan cada vez más la cooperación multilateral.Cuando el suministro de bienes públicos globales depende del consenso político entre los Estados miembros, en lugar de basarse en reglas universales, temas como la acción climática, la salud pública y la gobernanza digital enfrentan mayores estancamientos. Para las organizaciones internacionales, encontrar un espacio de acción común entre sistemas políticos divergentes se convierte en el desafío central de la construcción institucional en la próxima etapa.
Este es también un nuevo desafío para la gobernanza ESG. Los estándares ambientales, sociales y de gobernanza no pueden existir al margen de la realidad política. Los inversores y las instituciones transnacionales, al evaluar riesgos, deben tener más en cuenta la fragilidad del entorno de gobernanza, y no solo los indicadores financieros.
IV. Alineación multidireccional de las potencias medias y nuevas alianzas
En medio de la volatilidad sistémica, Brasil, Indonesia, Turquía, Sudáfrica y los países del Golfo están aprovechando esta ventana para expandir su influencia mediante la alineación multidireccional, nuevas coaliciones y herramientas de cooperación diversificadas. Ya no se conforman con un papel pasivo de receptores de reglas, sino que se convierten en fijadores de agenda y organizadores de coaliciones.
Para los socios de desarrollo tradicionales, aceptar la existencia a largo plazo de la alineación multidireccional puede ser una condición previa para establecer alianzas efectivas. Temas como el clima, la salud, los sistemas alimentarios y la infraestructura pública digital requieren precisamente este tipo de cooperación flexible y basada en temas específicos.
Esto también implica que el panorama de la financiación del desarrollo global será más diverso. La financiación mixta de las economías emergentes, los bancos regionales de desarrollo y los fondos soberanos complementarán o competirán con la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) tradicional. Cómo establecer un marco inclusivo de gobernanza financiera que garantice que los recursos fluyan hacia donde más se necesitan es una pregunta que la comunidad internacional debe responder en 2026.
Conclusión: Reimaginar el sistema de desarrollo global
Los cuatro grandes desafíos revelados por el informe de IDOS —la transformación de China, el papel disruptivo de Rusia, el retroceso democrático y el ascenso de los actores del Sur— no son fenómenos aislados, sino un reflejo de la reconfiguración global del poder en el plano de las políticas públicas. La política de desarrollo ya no es solo una cuestión de «ayuda», sino un esfuerzo sistémico que involucra geopolítica, resiliencia climática, calidad de la gobernanza y mecanismos de financiación.
Para los investigadores de políticas y los profesionales de la cooperación internacional, la tarea de 2026 no es encontrar una solución única que sirva para todos, sino aceptar un mundo plural, competitivo, fragmentado pero aún en funcionamiento, y construir dentro de él redes de cooperación resilientes. El futuro del desarrollo global depende de si las partes pueden mantener el diálogo en medio de las diferencias y preservar un piso común en la competencia.
(Este artículo se basa en el análisis del policy brief de IDOS «Competing visions, shifting power: key challenges for global development in 2026», cuyos autores originales son Stephan Klingebiel y Andy Sumner.)
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