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La bifurcación meridional de la economía circular: escasez, sector informal y múltiples vías para una transición sostenible
Basado en la revisión sistemática de 183 artículos revisados por pares de 《Nature Sustainability》, se reexaminan, desde una perspectiva de desarrollo global, los límites de aplicabilidad del concepto de economía circular, el doble papel del sector informal, los puntos ciegos en la identificación del ESG y la financiación para el desarrollo, así como las proposiciones de adaptación contextual en el ámbito de la gobernanza global.
I. Un concepto, dos realidades
La economía circular (circular economy) se ha convertido en una de las narrativas centrales de la gobernanza global de recursos sostenibles. Su supuesto básico es claro: pasar de un sistema lineal de producción y consumo de “extraer—usar—desechar” a un sistema cerrado caracterizado por la eficiencia de recursos, la reutilización y la valorización de residuos. Esta narrativa se ha reforzado repetidamente en el sistema de las Naciones Unidas, los marcos de política regional y el lenguaje dominante de la inversión ESG, y se considera en general una palanca clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los objetivos climáticos.
Sin embargo, existe una brecha evidente entre la pretensión de universalidad del concepto y su base empírica. La principal fuente empírica de la investigación existente sobre economía circular es el problema del exceso material en las economías de alto consumo de recursos. Estudios relacionados señalan que en el siglo XX el stock material socioeconómico global creció alrededor de 23 veces y representó cerca de la mitad del uso anual de recursos; esta es precisamente la contradicción central a la que responde la economía circular “versión del Norte”: se usa demasiado y se desecha demasiado rápido.
Pero si se traslada el mismo marco conceptual a economías de ingresos bajos y medios-bajos, donde los recursos son escasos, el peso de la economía informal es alto y las brechas en servicios básicos siguen siendo significativas, la naturaleza del problema cambia. Allí, la escasez, y no el exceso, es la principal restricción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Este juicio constituye el punto de partida central de la revisión sistemática publicada en Nature Sustainability. Basado en 183 artículos revisados por pares, el estudio examina sistemáticamente las manifestaciones reales de la economía circular en el Sur Global y llega a una conclusión bastante impactante para el ámbito de las políticas: la circularidad del Sur Global presenta diferencias estructurales con el panorama descrito por la literatura dominante sobre economía circular.
II. Tres diferencias: de abajo hacia arriba, impulsadas por los medios de vida, socialmente adaptadas
La primera diferencia identificada por el estudio es la forma en que se generan las soluciones circulares. En la narrativa dominante de la economía circular, la transición circular suele describirse como un proceso de arriba hacia abajo, impulsado conjuntamente por las políticas y la industria, que depende de regulaciones, estándares industriales, gestión de cadenas de suministro e innovación en modelos de negocio. Sin embargo, en el material empírico del Sur Global, las soluciones circulares tienen un carácter marcadamente más “de abajo hacia arriba”, se desarrollan en torno a los niveles comunitario y familiar, y a menudo ocurren dentro del sector informal.
La segunda diferencia radica en la motivación. En el contexto del Norte, la economía circular está impulsada principalmente por preocupaciones ambientales: reducir carbono, reducir residuos y disminuir la intensidad de recursos. En muchos casos del Sur Global, en cambio, el motivo principal de las prácticas circulares son las necesidades socioeconómicas y las convenciones culturales: reparar porque los recursos son escasos, revender porque los ingresos son limitados, compartir porque existe una red comunitaria. Los beneficios ambientales suelen ser un subproducto, no el punto de partida. Investigaciones previas lo han resumido como “economía circular impulsada por la necesidad” (necessity-driven circular economy).La tercera diferencia radica en las condiciones habilitantes. La literatura dominante tiende a considerar la comercialización de la innovación tecnológica como el motor central de la transición circular. Pero la experiencia del Sur Global muestra que lo que suele contar no son las tecnologías de punta, sino los arreglos social y técnicamente adaptativos: habilidades de reparación localizadas, materiales alternativos asequibles, formas de organización a escala comunitaria, división flexible del trabajo y reglas de intercambio. Estos arreglos no son necesariamente de alta intensidad tecnológica, pero se ajustan mucho al nivel de precios, la estructura laboral y el entorno institucional locales.
Estas tres diferencias apuntan a una misma conclusión: la economía circular no es una solución técnica que pueda exportarse de manera estandarizada, sino un conjunto de instituciones y prácticas profundamente arraigadas en contextos socioeconómicos específicos.
Cabe destacar que el “Sur Global” es en sí mismo una categoría altamente heterogénea. Incluye tanto economías de ingreso medio que ya poseen una capacidad industrial considerable como países de ingreso bajo en los que las brechas en servicios básicos siguen siendo notorias. Las diferencias mencionadas describen la tendencia general que presenta la literatura, y no un panorama uniforme aplicable a cada país; esta distinción es fundamental para las discusiones de políticas posteriores.
III. El sector informal: infraestructura circular subestimada y también portador de riesgos desatendido
Si en el Norte Global existe un conjunto visible de infraestructura circular —sistemas municipales de recolección selectiva, regímenes de responsabilidad extendida del productor, cadenas formales de remanufactura—, en el Sur Global funciona de hecho otro sistema, sostenido principalmente por el sector informal. Los recolectores de residuos, los recicladores itinerantes, los mercados de segunda mano, los talleres de reparación y los puntos de desmantelamiento de residuos electrónicos constituyen la verdadera red de base del ciclo de materiales en las ciudades y el campo.
Este sistema ha permanecido durante mucho tiempo en el punto ciego de las estadísticas y las políticas. Contribuye de manera sustancial a la recuperación de recursos y a la retención de valor, pero rara vez se lo incorpora al sistema formal de indicadores de la economía circular; asume los eslabones más sucios, peligrosos y peor pagados de la cadena circular, aunque a menudo carece de protección social y de salud laboral. El flujo transfronterizo de residuos electrónicos y su desmantelamiento rudimentario son la expresión más típica de esta contradicción: los recursos se recuperan, pero los riesgos para la salud y el medio ambiente recaen sobre los trabajadores locales.
Por lo tanto, romantizar sin más las prácticas circulares informales como una “sabiduría sostenible originaria” constituye una lectura errónea. La verdadera cuestión de política no es elogiar la informalidad, sino cómo, reconociendo su valor funcional, mejorar las condiciones laborales, reducir los riesgos para la salud y aumentar la organización y la capacidad de negociación; es decir, encontrar caminos viables entre la “formalización” y la “protección de los medios de vida”. Este es precisamente el equilibrio más difícil de la gobernanza urbana en muchas economías en desarrollo, y también donde las políticas de economía circular más fácilmente fallan.
IV. La financiación del desarrollo y los puntos ciegos estructurales del ESG
Si trasladamos la mirada del plano de la práctica al plano del financiamiento, las diferencias se vuelven aún más agudas.El sistema financiero sostenible moderno depende en gran medida de la capacidad de medición. La contabilidad de carbono, los indicadores de eficiencia de recursos, las calificaciones ESG, la certificación de bonos verdes y los fondos específicos para la economía circular se basan en una premisa: que los proyectos tengan una entidad legal clara, datos auditables, flujos de efectivo previsibles y un desempeño ambiental verificable. Sin embargo, gran parte de las prácticas circulares reales del Sur Global carece precisamente de estas condiciones: están dispersas, son informales, de pequeña escala y tienen como fin el sustento y no el retorno de la inversión.
El resultado es doble. Por un lado, estas prácticas son casi invisibles en los sistemas estadísticos y de calificación, y difícilmente acceden a los fondos ESG; por otro, los marcos de evaluación de la economía circular diseñados desde la experiencia del Norte pueden subestimar o juzgar erróneamente de manera sistemática el desempeño circular en contextos del Sur. Por ejemplo, una red de reparación y redistribución autogestionada por la comunidad puede tener una contribución limitada en la contabilidad de flujos de materiales, pero su papel en empleo, asequibilidad y resiliencia comunitaria es bastante importante.
Esto apunta a una cuestión más fundamental: ¿cómo deberían ajustar su metodología el financiamiento para el desarrollo y el sistema ESG para reconocer arreglos circulares de “baja tecnología y alto retorno social”? No es solo una cuestión técnica; también implica quién define los criterios para medir la sostenibilidad, un tema típico de la gobernanza global.
V. Implicaciones para la gobernanza: de los resultados del modelo a la adaptación al contexto
La conclusión final de esta revisión merece ser tomada en serio por el ámbito de las políticas: las trayectorias circulares inclusivas orientadas al desarrollo sostenible dependen fuertemente del contexto específico y, por lo tanto, requieren conceptos de economía circular más flexibles y con mayor base empírica. Esto tiene al menos varias implicaciones para la cooperación internacional para el desarrollo.
Primero, la transferencia de políticas requiere cautela. Trasplantar directamente los instrumentos institucionales de la economía circular del Norte —responsabilidad extendida del productor, estrictos estándares de reciclaje, altos umbrales para la clasificación de residuos— a economías dominadas por el sector informal puede producir efectos contrarios: el sistema formal aún no se ha establecido y los medios de vida informales ya quedan desplazados. Una ruta de formalización gradual y un apoyo transitorio a los micro y pequeños recicladores podrían tener mayor eficacia real que una legislación de altos estándares de una sola vez.
Segundo, las tensiones dentro de los ODS deben abordarse de frente, y no ocultarse con discursos. El ODS 12 (consumo y producción responsables) no es automáticamente compatible con el ODS 1 (fin de la pobreza) ni con el ODS 8 (trabajo decente). Si la política circular tiene la eficiencia de recursos como único objetivo, puede comprimir el espacio de ingresos de los grupos más vulnerables; si prioriza el empleo, puede retrasar la mejora de los estándares ambientales. El diseño de políticas debe tomar una posición clara entre ambos, en lugar de fingir que no existen disyuntivas.
Tercero, la asimetría en la cooperación Sur-Sur y la producción de conocimiento debe corregirse. La escasa representación del Sur Global en el sistema de conocimiento sobre economía circular es en sí misma una carencia estructural. Que 183 publicaciones apenas esbocen el panorama circular del Sur Global no indica que las prácticas del Sur sean escasas, sino que las agendas de investigación, los mecanismos de publicación y la asignación de fondos han favorecido durante mucho tiempo la experiencia del Norte. La ausencia de conceptos a menudo se traduce en una ausencia de políticas.
VI. Conclusión: la diversidad no es una excepción, sino una capacidad de gobernanzaLa experiencia del Sur Global en economía circular plantea, en última instancia, no un problema técnico, sino un problema de gobernanza del desarrollo: ¿quién debe definir la transición sostenible, para quién debe diseñarse y con qué criterios debe medirse?
El marco dominante de la economía circular considera el uso excesivo de recursos como el principal enemigo, lo cual se cumple en el Norte; mientras que, en muchas economías del Sur, la escasez de recursos y las brechas en servicios básicos son las restricciones más urgentes. No son objetivos opuestos, pero ciertamente requieren diferentes secuencias de políticas, diferentes lenguajes de indicadores, diferentes instrumentos de financiamiento y diferentes calendarios.
Reconocer esta diversidad no debilita el valor de la economía circular como palanca para la sostenibilidad global, sino que refuerza su credibilidad. Un concepto de economía circular que solo puede explicar la experiencia del Norte difícilmente puede sostener una transformación global en sentido genuino. La capacidad sostenible con competitividad a largo plazo se asienta precisamente en la identificación precisa de las diferencias de contexto y en la respuesta institucional; esto es tanto una proposición académica como una realidad que la cooperación internacional para el desarrollo y el sistema ESG deberán enfrentar en la próxima década.
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Fuente: Diversity of circular economies from Global South evidence, *Nature Sustainability* (2026). https://www.nature.com/articles/s41893-026-01901-z
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