Clima
Sistema alimentario y transformación global: cuando la seguridad alimentaria se convierte en la agenda central del desarrollo sostenible
Este artículo, desde una perspectiva de desarrollo global, analiza cómo el sistema alimentario se convierte en una palanca clave que conecta la salud humana, la resiliencia ambiental y la acción climática, y explora la reforma de los mecanismos de gobernanza internacional, las tendencias ESG y los desafíos sistémicos que enfrentan los países en desarrollo.
Sistemas alimentarios: un tema de gobernanza global que va más allá de los alimentos
En la agenda de las Naciones Unidas para el desarrollo sostenible, los sistemas alimentarios a menudo se reducen al objetivo único de "erradicar el hambre". Sin embargo, en la realidad, los sistemas alimentarios van mucho más allá de los alimentos en sí mismos. Abarcan toda la cadena que va desde la producción, el procesamiento, el transporte hasta el consumo, y afectan profundamente la salud, los medios de vida y la seguridad ecológica de más de 8.000 millones de personas en el mundo. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el sector agrícola emplea a aproximadamente 883 millones de personas a nivel mundial, y los ecosistemas naturales proporcionan servicios básicos para la producción de alimentos, como la polinización, la formación del suelo, el ciclo de nutrientes y la regulación de los recursos hídricos. Si los sistemas alimentarios fallan, no solo provocan hambre, sino que también afectan la educación, la salud pública, la estabilidad social e incluso la paz y la seguridad.
Por esta razón, la transformación de los sistemas alimentarios ha sido considerada por un número creciente de instituciones internacionales como una de las palancas más poderosas para alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La Red de Ambiente de Ginebra (Geneva Environment Network) señala en su análisis más reciente que los sistemas alimentarios mundiales se encuentran en un estado "frágil, carente de escrutinio y propenso al colapso", algo que la pandemia de COVID-19 ya ha puesto en evidencia. El agravamiento del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la persistencia de la contaminación ambiental, a su vez, debilitan aún más la resiliencia de los sistemas alimentarios. Este riesgo sistémico se está convirtiendo en la nueva normalidad que la gobernanza global debe afrontar.
La brecha de desarrollo detrás de las cifras
La situación mundial de la seguridad alimentaria sigue siendo grave. Según las estadísticas de las Naciones Unidas, en 2019 alrededor de 2.000 millones de personas en el mundo no podían obtener alimentos inocuos, nutritivos y suficientes de forma regular. Si las tendencias recientes continúan, para 2030 el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones, lo que representará el 9,8% de la población mundial. Esto significa que la comunidad internacional sigue retrocediendo respecto al compromiso de "hambre cero" de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030.
Es aún más notable que el costo ambiental de los sistemas alimentarios se esté expandiendo de forma exponencial. Las prácticas agrícolas insostenibles han provocado problemas como la erosión del suelo, la contaminación de los cuerpos de agua por agroquímicos y el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Desastres como sequías, inundaciones y deslizamientos de tierra tienen un impacto cada vez mayor en la seguridad alimentaria, y el cambio climático está haciendo que estos fenómenos sean más frecuentes e intensos. La contradicción entre la expansión agrícola y la conservación de la naturaleza es particularmente pronunciada en los países en desarrollo, que a menudo son los que más dependen de la agricultura, pero también los que tienen menor capacidad de adaptación.
Desde la perspectiva de la investigación sobre el desarrollo global, la persistencia del hambre no se debe a una producción insuficiente de alimentos, sino a fallas sistémicas en los mecanismos de distribución, la infraestructura y la capacidad de gobernanza. En el África subsahariana, el sur de Asia y partes de América Latina, las tasas de inseguridad alimentaria son mucho más altas que el promedio mundial; estas regiones son también las de mayor vulnerabilidad climática y las que tienen los sistemas de protección social más débiles. La inseguridad alimentaria es, en esencia, un problema de equidad en el desarrollo.
Los sistemas alimentarios bajo una triple crisisActualmente, el mundo enfrenta una triple crisis planetaria: la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. El sistema alimentario es a la vez uno de los principales impulsores de esta crisis y su víctima más directa. Las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la agricultura, la silvicultura y el cambio de uso de la tierra representan aproximadamente una cuarta parte de las emisiones mundiales totales. Al mismo tiempo, los fenómenos meteorológicos extremos están destruyendo cultivos, ganado y recursos pesqueros, lo que amenaza la estabilidad de las cadenas de suministro de alimentos.
La Red de Medio Ambiente de Ginebra subraya especialmente que los factores ambientales son esenciales para alcanzar todas las metas específicas del ODS 2 (Hambre Cero). A largo plazo, solo unos sistemas alimentarios resilientes, que convivan en armonía con la naturaleza, pueden proporcionar una fuente fiable de alimentos necesaria para la salud humana. Esto exige un cambio fundamental en los modelos actuales de producción y consumo, y no simplemente parches tecnológicos.
Este reconocimiento está impulsando una transformación de la agenda de gobernanza mundial. Desde la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2021, hasta el primer balance de los sistemas alimentarios (UNFSS+2) celebrado en Roma en 2023, y la segunda conferencia de balance (UNFSS+4) celebrada en Adís Abeba en 2025, la comunidad internacional intenta, mediante una serie de diálogos de alto nivel, integrar la transformación de los sistemas alimentarios en un marco más amplio de desarrollo sostenible. Estas reuniones no son solo declaraciones políticas, sino también una prueba reiterada de los compromisos de los países.
De la seguridad alimentaria a la ampliación de la gobernanza de la inocuidad de los alimentos
La seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos están estrechamente vinculadas. Según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud, cada año 600 millones de personas enferman a causa de más de 200 enfermedades transmitidas por los alimentos, y 420.000 mueren de forma evitable. Las enfermedades transmitidas por los alimentos golpean con mayor dureza a los pobres y a los niños; esto no es solo un problema de salud pública, sino también un obstáculo para el desarrollo económico y la equidad social.
El tema del Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos 2026 —“De la carga a la solución: que los alimentos inocuos estén en todas partes”— marca que la comprensión mundial de la inocuidad de los alimentos se está profundizando. El nuevo informe de la OMS sobre la estimación de la carga mundial de enfermedades transmitidas por los alimentos está a punto de publicarse y ofrecerá por primera vez datos sobre la carga de morbilidad a nivel mundial, regional y nacional entre 2000 y 2021. Estos datos ayudarán a los países a identificar las prioridades políticas e impulsar intervenciones más precisas y rentables.
Vale la pena señalar que la inocuidad de los alimentos se ha integrado en una agenda de desarrollo más amplia. La aplicación de las normas del Codex Alimentarius, el fortalecimiento de los sistemas nacionales de control de alimentos y la promoción de prácticas inocuas de manipulación de los alimentos se consideran herramientas clave para hacer frente a las enfermedades transmitidas por los alimentos. Esto demuestra que la inocuidad de los alimentos no es solo un problema técnico, sino también de gobernanza, que requiere una acción coordinada entre sectores y a través de las fronteras.
Nueva lógica de inversión en los sistemas alimentarios desde la perspectiva ESG
Bajo la ola de inversión ESG (ambiental, social y de gobernanza), los sistemas alimentarios se están convirtiendo en un ámbito importante para la reasignación de capital. Los proyectos agrícolas tradicionales a menudo enfrentan riesgos ambientales y controversias sociales, mientras que la agricultura sostenible, la agricultura regenerativa, la agricultura de precisión y la transformación digital de las cadenas de suministro de alimentos están atrayendo cada vez más inversiones de impacto y financiación verde.从环境维度看,粮食生产与土地、水、生物多样性的关系直接决定了ESG评级中的环境绩效。从社会维度看,农业劳动者的权益、食品安全、农村社区的发展,构成社会维度的核心议题。从治理维度看,供应链透明度、企业负责任采购以及国际标准的一致性,成为衡量食品企业治理能力的关键指标。
对于发展中国家而言,ESG标准的普及既是机遇也是挑战。一方面,可持续农业认证和绿色融资可以帮助小农户改善生产条件,接入更稳定的市场。另一方面,如果ESG标准脱离发展中国家的现实条件,可能形成新的贸易壁垒,使脆弱的小农经济进一步边缘化。因此,全球发展机构强调,ESG框架必须考虑不同国家的能力差异,建立包容性的可持续标准体系。
El papel y los desafíos del Sur Global
Los países del Sur Global ocupan una posición dual y especial en la transformación de los sistemas alimentarios. Son a la vez las víctimas más graves del cambio climático y la inseguridad alimentaria, y el potencial clave para el crecimiento futuro de la producción mundial de alimentos. El África subsahariana posee más del 60% de las tierras cultivables sin explotar del mundo, pero su producción de alimentos ha sido durante mucho tiempo ineficiente, con una inversión insuficiente en infraestructura agrícola y una baja tasa de adopción tecnológica.
Las organizaciones internacionales desempeñan un papel de puente en la promoción de la transformación de los sistemas alimentarios de los países del Sur. La red de adquisiciones y logística del Programa Mundial de Alimentos, la asistencia técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y el apoyo del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola a la agricultura rural de pequeña y mediana escala están ayudando a los países en desarrollo a construir sistemas alimentarios más resilientes. Sin embargo, el déficit de financiación para el desarrollo sigue siendo enorme. La proporción de la ayuda oficial al desarrollo destinada a la agricultura ha sido durante mucho tiempo inferior al 10%, y la proporción de la financiación climática para la adaptación agrícola y el desarrollo de la resiliencia también es muy insuficiente.
El proceso de seguimiento de la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios está tratando de cambiar esta situación. Que la UNFSS+4 se celebre en África tiene en sí mismo un significado simbólico: indica que el centro de gravedad de la gobernanza alimentaria mundial se está desplazando hacia el Sur. Pero también hay que reconocer que las promesas de las cumbres mundiales por sí solas no son suficientes para resolver las desigualdades estructurales de larga data. Los países desarrollados deben cumplir sus compromisos de financiación climática y asistencia al desarrollo, y al mismo tiempo abrir sus mercados y eliminar las barreras no arancelarias a los productos agrícolas de los países en desarrollo.
Más allá del hambre: el enfoque de largo plazo para la reconstrucción de los sistemas alimentarios
La elección de la ruta de transformación del sistema alimentario influirá profundamente en el panorama del desarrollo mundial en las próximas décadas. Un sistema alimentario sostenible debería poder cumplir tres condiciones a la vez: primero, proporcionar alimentos seguros, nutritivos y asequibles para todos; segundo, operar dentro de los límites ecológicos, sin dañar el capital natural; y tercero, ofrecer a los trabajadores agrícolas medios de vida dignos y oportunidades justas.Esto nos exige superar la mentalidad única de "aumentar la producción" y transitar hacia un cambio sistémico. Por ejemplo, reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos es en sí mismo una vía importante para mejorar la eficiencia de los recursos. Actualmente, alrededor de un tercio de los alimentos a nivel mundial se pierde o desperdicia en las etapas de producción y consumo, lo que equivale a desperdiciar una cuarta parte de las tierras agrícolas del mundo y una cuarta parte del agua de riego. Mejorar la infraestructura de almacenamiento y transporte de alimentos, especialmente en las regiones tropicales, puede reducir significativamente las pérdidas poscosecha.
Al mismo tiempo, el ajuste de la estructura dietética también es crucial. El crecimiento continuo del consumo mundial de carne está ejerciendo una enorme presión sobre la tierra, el agua y el clima. Promover una dieta saludable basada en plantas no solo contribuye a mejorar la salud pública, sino que también reduce el impacto de la agricultura en el medio ambiente. Sin embargo, esto requiere un cambio de concepciones culturales y la divulgación de la educación nutricional, algo que no se logra de la noche a la mañana.
Conclusión: el futuro de los sistemas alimentarios es el futuro de la gobernanza global
El sistema alimentario no es un sector aislado, sino un eje que conecta al ser humano con la naturaleza, el Sur con el Norte, y la economía con la sociedad. La "perspectiva del sistema alimentario" promovida por la Red Ambiental de Ginebra es, en realidad, una reflexión profunda sobre los modelos de desarrollo tradicionales. El problema alimentario ya no es un asunto exclusivo del ministerio de agricultura, sino un tema de gobernanza que implica la coordinación de múltiples sectores como el comercio, el clima, las finanzas y la salud.
En la futura gobernanza global, lograr o no la transformación del sistema alimentario determinará en gran medida si podemos alcanzar los objetivos climáticos de París, frenar la pérdida de biodiversidad, cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible y construir un mundo más justo. La comunidad internacional necesita pasar de la respuesta a las crisis a corto plazo a la construcción de resiliencia sistémica a largo plazo, elevando la seguridad alimentaria a una altura estratégica tan importante como la seguridad climática.
Cada consumidor, agricultor, empresa y gobierno es parte del sistema alimentario. Una verdadera transformación requiere la acción y la responsabilidad conjunta de toda la sociedad. Y la responsabilidad de los investigadores del desarrollo global radica en revelar esos riesgos sistémicos ocultos y proponer soluciones operables, para que el sistema alimentario se convierta verdaderamente en el pilar del desarrollo sostenible, y no en una fuente de riesgos.
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