Clima

La preocupación climática en Estados Unidos se acerca a máximos históricos: espejo y reconstrucción de la gobernanza del desarrollo global

Partiendo de la encuesta más reciente de Gallup, analizar los efectos a largo plazo de la polarización de la opinión climática en Estados Unidos sobre la gobernanza climática global, la inversión ESG y la financiación para el desarrollo.

La preocupación climática en Estados Unidos se acerca a máximos históricos: espejo y reconstrucción de la gobernanza del desarrollo global

La última encuesta ambiental anual de Gallup muestra que el 44% de los adultos estadounidenses se declara "muy preocupado" por el calentamiento global o el cambio climático, cerca del máximo histórico del 46% en 2020; otro 22% dice estar "bastante preocupado", el 12% "solo un poco preocupado" y el 23% "nada preocupado". Al mismo tiempo, el 44% de los estadounidenses cree que los medios de comunicación subestiman la gravedad del calentamiento global, un aumento significativo frente al 38% de hace un año, y marca un máximo histórico en esta encuesta de Gallup; la proporción que cree que el problema está exagerado cayó del 41% al 32%, la más baja desde 2006. A primera vista, estos datos parecen ser otra oscilación de la opinión pública nacional estadounidense, pero situados en el sistema de coordenadas de la gobernanza del desarrollo global, revelan mucho más que las fluctuaciones de la opinión pública de un solo país.

I. La doble señal detrás de la encuesta: aumento de la preocupación y polarización política

La preocupación del público estadounidense por el cambio climático no ha crecido de forma lineal. Entre 2009 y 2016, la proporción de quienes estaban muy preocupados solía rondar el 30%, y en 2011 llegó a bajar hasta el 25%. Después de 2017, esta proporción se ha mantenido estable por encima del 40%. El cambio proviene principalmente de los demócratas y los independientes: el promedio de preocupación de los demócratas es unos 20 puntos porcentuales superior al de 2009—2016, y el de los independientes, unos 16 puntos porcentuales superior. La preocupación de los republicanos, en cambio, pasó de un promedio del 15% al 11%, y en 2025 cayó a un nuevo mínimo del 6%. En cuanto a la atribución, el 90% de los demócratas y el 65% de los independientes cree que el calentamiento global se debe principalmente a la contaminación por actividad humana, mientras que solo el 28% de los republicanos lo cree. En 2001, la mayoría de los republicanos (52%) aún aceptaba la atribución a la actividad humana.

Esta división partidista significa que la política climática de Estados Unidos oscilará drásticamente con el ciclo electoral. Durante las administraciones de Obama y Biden, se adoptaron una serie de acciones climáticas a nivel federal; la administración Trump, en cambio, cuestionó la realidad del cambio climático y revirtió varias políticas de sus predecesores. Un análisis de Gallup señala que este giro político podría explicar por qué más estadounidenses consideran que la gravedad del calentamiento global está subestimada y por qué el nivel de preocupación se mantiene alto. En otras palabras, el aumento de la preocupación pública es, en parte, una respuesta a la reversión de las políticas: cuando el gobierno federal debilita el tema climático, parte del público percibe el riesgo con mayor intensidad.

Para el desarrollo global, la polarización política climática interna de Estados Unidos constituye un riesgo estructural: una de las mayores economías del mundo, cuya credibilidad y continuidad en sus compromisos climáticos se vuelven impredecibles. Las negociaciones climáticas internacionales, la transferencia de tecnología verde y los compromisos de financiamiento climático dependen en gran medida de la estabilidad de las políticas de los principales emisores. Cuando el consenso interno de Estados Unidos es insuficiente, el "ancla" de la gobernanza climática multilateral se afloja.

II. De la opinión pública nacional a la gobernanza global: la transmisión de la incertidumbre políticaEl cambio climático es un bien público global, pero las políticas para hacerle frente están determinadas principalmente por la política nacional. Otro dato que llama la atención en las encuestas estadounidenses es que el 61 % de los estadounidenses cree que los efectos del calentamiento global ya han comenzado, y el 45 % cree que esos efectos amenazarán su forma de vida en el transcurso de sus vidas. En 1997, esto último era cierto solo para el 25 %. Aunque una mayoría absoluta considera que los efectos ya han comenzado, menos de la mitad cree que se verá amenazada personalmente. Esta brecha «percepción-amenaza» es aún más pronunciada a escala global.

En muchos países en desarrollo, el cambio climático no es una amenaza futura, sino un desafío de supervivencia del presente. Los pequeños Estados insulares en desarrollo enfrentan el aumento del nivel del mar y tormentas extremas; el Cuerno de África sufre sequías recurrentes; las regiones del delta del Sudeste Asiático enfrentan intrusión salina y reducción de la producción agrícola. Estos países suelen carecer de espacio fiscal y de sistemas de protección social para hacer frente a los choques climáticos. Según las evaluaciones a largo plazo de las Naciones Unidas y del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la vulnerabilidad climática se entrelaza con la pobreza, la desigualdad y la insuficiencia de capacidades de gobernanza. Cuando las políticas de los principales emisores, como Estados Unidos, oscilan, el panorama para la implementación de la financiación mundial para la adaptación y del Fondo de Pérdidas y Daños se vuelve aún más incierto.

En la encuesta de Gallup, la proporción de estadounidenses que considera que los efectos del calentamiento global están subestimados aumentó al 44 %, lo que quizá ofrezca cierta base de opinión pública para la cooperación internacional en materia de clima. Pero la opinión pública no se traduce automáticamente en políticas. En un contexto de Congreso dividido y polarización partidista, sigue siendo una cuestión abierta si Estados Unidos podrá cumplir sus compromisos de financiación climática global. Para los países del Sur Global que dependen del apoyo internacional para la adaptación climática, esta incertidumbre es en sí misma un riesgo para el desarrollo.

III. La realidad climática del Sur Global: financiación para la adaptación y transición justa

Una de las contradicciones centrales de la gobernanza climática global es el desajuste entre la responsabilidad por las emisiones y la vulnerabilidad. Las emisiones acumuladas históricas provienen principalmente de los países desarrollados, pero el Sur Global soporta las consecuencias más graves de los choques climáticos. La financiación para el desarrollo se convierte, por tanto, en una cuestión clave. El Fondo Verde para el Clima, el Fondo de Adaptación, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y otros mecanismos multilaterales, junto con el Fondo de Pérdidas y Daños establecido en la COP27, son instrumentos con los que la comunidad internacional intenta corregir ese desajuste. Sin embargo, sigue existiendo una enorme brecha entre el volumen de recursos de estos mecanismos y las necesidades.

Cabe destacar que la modalidad de la financiación climática está cambiando. Cada vez más fondos se proporcionan en forma de préstamos en lugar de donaciones, lo que agrava la carga de la deuda de los países vulnerables. La transición justa exige que los países desarrollados no solo proporcionen financiación, sino que también impulsen la transferencia de tecnología y la creación de capacidades. Pero la realidad es que las barreras de propiedad intelectual, las restricciones de las cadenas de suministro y la competencia geopolítica hacen que la difusión de tecnologías verdes hacia los países en desarrollo avance a un ritmo muy inferior al de la demanda.

Los cambios en la opinión pública estadounidense sobre el clima tienen una influencia directa en esto. Cuando se debilita el consenso interno en Estados Unidos sobre la acción climática, también disminuye su disposición a participar en la financiación internacional para el desarrollo. Y aunque los países del Sur Global poseen un enorme potencial en energías renovables, minerales críticos, sumideros de carbono y otros ámbitos, a menudo carecen de inversión. Si los inversores ESG se fijan únicamente en las señales políticas de los mercados desarrollados, podrían pasar por alto el valor a largo plazo del Sur Global en la transición energética.## IV. ESG y capital a largo plazo: el riesgo político se convierte en una nueva variable

La inversión ESG se expandió rápidamente durante la última década, pero en años recientes también enfrentó una ola "anti-ESG". En algunos estados y a nivel federal de Estados Unidos surgió resistencia al ESG, al considerar que introduce agendas políticas en las decisiones de inversión. La polarización partidista que muestran las encuestas de Gallup es precisamente la base social de esa resistencia. Sin embargo, desde una perspectiva de desarrollo a largo plazo, el riesgo climático es un riesgo financiero, la desigualdad social es un riesgo sistémico y el fracaso de la gobernanza es un riesgo de mercado. El núcleo del marco ESG no es una etiqueta política, sino la evaluación de la capacidad de sostenibilidad a largo plazo.

En las encuestas estadounidenses, el 64% de los adultos cree que el calentamiento global se debe principalmente a la actividad humana, y esta proporción se ha mantenido estable por encima del 60% desde 2016. Esto significa que, pese a la polarización política, los consumidores, inversores y algunas empresas de Estados Unidos siguen prestando atención al tema climático. Para las instituciones de inversión ESG, la clave no es seguir la dirección política de corto plazo, sino identificar aquellos activos y modelos de negocio que conservan resiliencia climática en medio de las fluctuaciones de las políticas. Por ejemplo, las energías renovables, las tecnologías de eficiencia energética, la infraestructura de adaptación climática, la agricultura sostenible y la gestión de los recursos hídricos tienen valor de asignación a largo plazo.

Al mismo tiempo, la inversión ESG necesita prestar más atención al Sur Global. Los proyectos climáticos en mercados emergentes suelen estar subfinanciados debido a una percepción de riesgo demasiado alta, pero entre ellos no faltan oportunidades con viabilidad comercial e impacto en el desarrollo. Mecanismos innovadores como la financiación mixta, los instrumentos de garantía y la financiación en moneda local pueden reducir las barreras de inversión y movilizar capital privado. Instituciones multilaterales como la Corporación Financiera Internacional (IFC), el Banco Asiático de Desarrollo y el Banco Africano de Desarrollo ya tienen experiencia en este ámbito. No obstante, estos esfuerzos requieren un entorno de políticas internacionales estable, y la volatilidad de la política climática de Estados Unidos aumenta la incertidumbre.

V. Cooperación internacional y financiación del desarrollo: de los compromisos a la ejecución

El sistema global de desarrollo está experimentando una reestructuración. El modelo tradicional de ayuda al desarrollo enfrenta presiones fiscales, mientras surgen continuamente nuevos temas como la financiación climática, la cooperación digital y la seguridad de la salud pública. Estados Unidos, como gran donante tradicional, tiene un impacto profundo en la cooperación internacional para el desarrollo con sus cambios de política. Cuando aumentan las preocupaciones climáticas internas en Estados Unidos pero falta consenso político, su liderazgo en la escena internacional queda en entredicho.

Al mismo tiempo, los países del Sur Global buscan una mayor voz. La ampliación de los BRICS, los temas de desarrollo en la agenda del Grupo de los Veinte (G20), la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), entre otros, reflejan la tendencia a la diversificación de la gobernanza económica global. La cooperación climática ya no es una ayuda unidireccional entre el Norte y el Sur, sino una compleja interacción que involucra múltiples dimensiones como comercio, inversión, tecnología y migración.

El futuro de la financiación del desarrollo radica en la diversificación. Además de los tradicionales bancos multilaterales de desarrollo y la ayuda bilateral, los fondos soberanos, los fondos de pensiones, los capitales de seguros y el capital filantrópico están entrando en el ámbito del desarrollo sostenible. Pero el capital busca rentabilidad y necesita señales de política, preparación de proyectos y mecanismos de reparto de riesgos. Los cambios en la opinión pública climática de Estados Unidos podrían afectar la escala y las condiciones de su participación en la financiación climática global, y con ello alterar el panorama de la cooperación internacional para el desarrollo.

VI. Capacidad de sostenibilidad a largo plazo: el núcleo de la competitividad futura

La encuesta de Gallup muestra que el 45 % de los estadounidenses cree que el calentamiento global amenazará su estilo de vida durante su vida; aunque esta proporción no supera la mitad, ha aumentado considerablemente respecto al 25 % de 1997. Más importante aún, el 61 % cree que los efectos ya han comenzado. Esto indica que la percepción de la realidad del cambio climático se está profundizando. Para los países, la capacidad de sostenibilidad a largo plazo —que incluye seguridad energética, seguridad alimentaria, seguridad hídrica, resiliencia del sistema de salud pública, infraestructura digital y capacidad de gobernanza— se está convirtiendo en el núcleo de la competitividad nacional.

La educación, la atención médica y los sistemas de servicios públicos son la base de la capacidad de sostenibilidad. Los impactos climáticos suelen amplificar la desigualdad a través de canales como la salud, la educación y el empleo. Las mujeres, los niños, las personas mayores y la población pobre son más vulnerables a los impactos climáticos. Por lo tanto, las políticas climáticas deben integrarse con las políticas sociales para lograr un crecimiento inclusivo. Los países del Sur global enfrentan un doble desafío en este aspecto: adaptarse al cambio climático y, al mismo tiempo, avanzar en la reducción de la pobreza y el desarrollo. La comunidad internacional necesita proporcionar más donaciones y financiamiento concesional para ayudar a estos países a establecer sistemas de protección social e infraestructura resiliente al clima.

La división partidista en las encuestas de Estados Unidos nos recuerda que la gobernanza climática no puede depender únicamente del ciclo político de un solo país. El multilateralismo, la cooperación regional y el papel de los actores subnacionales serán más importantes. Las ciudades, las empresas, los gobiernos estatales y las organizaciones de la sociedad civil pueden formar una red de acción climática “de abajo hacia arriba” que compense las fluctuaciones de las políticas a nivel federal. Europa, China, India, la Unión Africana, etc., también están dando forma a un nuevo panorama de gobernanza climática global.

En última instancia, el desafío del cambio climático no se trata de “si ocurrirá”, sino de “cómo responder juntos”. La preocupación del público estadounidense se acerca a máximos históricos, lo que indica que la percepción social está cambiando; pero la polarización política significa que esta percepción aún necesita tiempo para traducirse en políticas. Para los investigadores del desarrollo global y los responsables de políticas, la pregunta clave es: cómo construir, en un mundo fragmentado, un marco de cooperación internacional estable, inclusivo y predecible, hacer que el financiamiento climático fluya realmente hacia donde más se necesita y hacer que la inversión ESG sea una fuerza impulsora del desarrollo a largo plazo, en lugar de una herramienta de la política de corto plazo.

Fuente de información: https://news.gallup.com/poll/708050/climate-change-concern-near-high-point.aspx

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  1. https://news.gallup.com/poll/708050/climate-change-concern-near-high-point.aspxPrincipal

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