Clima
El desequilibrio energético de la Tierra marca un récord: el calentamiento global se acelera y el desafío sistémico del desarrollo sostenible.
El calentamiento global se acelera, el desequilibrio energético de la Tierra alcanza un nuevo récord, lo que ejerce una presión estructural sobre los SDGs, la inversión ESG y la cooperación internacional para el desarrollo.
Desequilibrio energético: la métrica central del cambio climático global
El Desequilibrio Energético de la Tierra (Earth's Energy Imbalance, EEI) es uno de los indicadores más directos para medir el grado de interferencia de las actividades humanas en el sistema climático. Según la cuarta edición del informe *Global Climate Change Indicators* (IGCC), publicado en junio de 2026, el promedio decenal del EEI en 2025 alcanzó un récord de 1,12 W/m², un aumento de aproximadamente el 40 % en comparación con el promedio de 0,79 W/m² durante el período del Sexto Informe de Evaluación del IPCC (AR6) en 2019. Esta cifra significa que cada metro cuadrado de la superficie terrestre absorbe aproximadamente 3,5 × 10²² julios de calor adicional al año, varias decenas de veces el consumo total anual de energía a nivel mundial.
El aumento continuo del EEI no es una fluctuación a corto plazo. El informe muestra que este desequilibrio se ha ido ampliando desde la década de 1970, y el incremento en los últimos años supera las predicciones de los modelos climáticos. Esto no solo indica que el calentamiento global podría ser más rápido de lo esperado, sino que además plantea cuestionamientos fundamentales a las trayectorias de desarrollo global, los marcos de evaluación ESG y los mecanismos de cooperación internacional.
Del desequilibrio energético al desequilibrio en el desarrollo: el impacto acelerado del clima en el Sur Global
El 90 % del calor acumulado es absorbido por los océanos. El número de días de olas de calor marinas se ha más que triplicado desde principios de la década de 1990. En 2025, el promedio global de días de olas de calor marinas fue de 65, es decir, más de una vez por semana. Este cambio afecta directamente a la pesca, los ecosistemas de arrecifes de coral y la seguridad alimentaria de las comunidades costeras, activos de los que dependen en gran medida los países del Sur Global.
Al mismo tiempo, el calor extremo en tierra firme se está intensificando. Entre 2016 y 2025, la temperatura máxima media diaria fue 1,92 °C superior a la de la era preindustrial, casi 0,5 °C más que en la década anterior (2006-2015). Para los países de bajos ingresos con poca capacidad de adaptación, las olas de calor se traducen en una disminución de la productividad laboral, un aumento de los riesgos para la salud y una menor producción agrícola, lo que amplía aún más la brecha de desarrollo entre el Norte y el Sur.
El aumento del nivel del mar proporciona otra señal a largo plazo. En 2025, el nivel medio global del mar era aproximadamente 23 cm más alto que en 1901, y la tasa de aumento se está acelerando (3,67 mm/año entre 2006 y 2025, más del doble de la tasa de 1,69 mm/año entre 1976 y 1995). Esto amenaza directamente el espacio vital de los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y de las regiones de deltas costeros (como Bangladesh y Vietnam), y podría desencadenar migraciones climáticas masivas, poniendo a prueba la inclusividad y resiliencia del sistema de gobernanza global.
«Pasivos ocultos» desde la perspectiva ESG: el desequilibrio energético y la reevaluación del riesgo de inversión
Los marcos de inversión ESG se enfrentan a una dura realidad: los riesgos físicos actuales están sistemáticamente subestimados. La tendencia a largo plazo del desequilibrio energético indica que, incluso si los compromisos de reducción de emisiones se cumplen en parte, el calor ya acumulado seguirá impulsando el aumento de la temperatura y la frecuencia de eventos extremos durante las próximas décadas. Para los inversores, esto implica que los siguientes tres tipos de riesgos necesitan ser revalorizados:1. Ampliación del riesgo de activos varados: Además de los activos de combustibles fósiles, las propiedades costeras, la infraestructura agrícola y los activos turísticos se enfrentan a una devaluación debido al aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos extremos. 2. Disminución de la resiliencia de la cadena de suministro: Los impactos continuos de las olas de calor marinas y las altas temperaturas terrestres en el transporte marítimo, la agricultura y la manufactura reducirán la fiabilidad de las cadenas de suministro globales. 3. Retraso del "riesgo de transición" en la inversión responsable: Las empresas que se centren únicamente en la reducción de emisiones a corto plazo sin considerar inversiones en adaptación se enfrentarán a mayores riesgos de interrupción operativa a largo plazo.
Además, el aumento del EEI también pone de relieve la complejidad del "efecto de enmascaramiento de los aerosoles". Aunque los aerosoles (como los sulfuros) tienen un efecto de enfriamiento, su daño a la salud es mucho mayor que los beneficios climáticos a corto plazo. La evaluación ASG debe sopesar con mayor precisión las sinergias entre la calidad del aire y el calentamiento global, evitando una narrativa simplista de "cero neto".El principio de "responsabilidades comunes pero diferenciadas" en la cooperación internacional debe detallarse junto con el EEI. Las altas emisiones históricas de los países desarrollados han acumulado el desequilibrio energético actual, mientras que los países en desarrollo, especialmente el Sur Global, están sufriendo consecuencias desproporcionadas. La distribución del presupuesto global de carbono, el funcionamiento del fondo de compensación climática y los mecanismos de transferencia tecnológica deben enfrentar esta realidad científica.
Conclusión: Reconstruir la lógica del desarrollo con un enfoque de largo plazo
El récord del desequilibrio energético de la Tierra no es un evento científico aislado, sino un cuestionamiento fundamental al modelo económico global, al marco ESG y a la capacidad de gobernanza mundial. Las decisiones de la próxima década determinarán si la humanidad puede mantener el calentamiento dentro de límites manejables. Desde la perspectiva de los estudios del desarrollo, los formuladores de políticas y los inversores necesitan:
1. Incorporar el EEI en los modelos de análisis de riesgos como uno de los indicadores macroprudenciales; 2. Acelerar la transición hacia energías limpias y, al mismo tiempo, ampliar las inversiones en adaptación para evitar el juego de suma cero entre "justicia energética" y "estabilidad climática"; 3. Fortalecer los sistemas globales de observación e intercambio de datos para garantizar que la base científica no sea politizada; 4. Redefinir el éxito del desarrollo —pasando del crecimiento del PIB a indicadores compuestos que incluyan la resiliencia social con bajas emisiones de carbono y la salud ecológica.
Solo integrando la advertencia del desequilibrio energético en cada punto de decisión del desarrollo global será posible construir un futuro resiliente en un planeta que se calienta.
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