Cooperacion

Red policial encubierta transnacional: secretismo y déficit de rendición de cuentas en la gobernanza global

Un artículo de análisis en profundidad basado en el análisis de Statewatch, que examina el funcionamiento de las redes policiales encubiertas transnacionales europeas (como ARGOS), su falta de supervisión y las implicaciones para la gobernanza global.

Redes policiales encubiertas transnacionales: lo oculto y el déficit de rendición de cuentas en la gobernanza global

Introducción

En 2010, la identidad del agente encubierto británico Mark Kennedy salió a la luz, y posteriormente se reveló que no solo había operado dentro del Reino Unido, sino que también viajó con frecuencia a Dinamarca, Francia, Alemania, Islandia, Irlanda, Italia, España y Estados Unidos para llevar a cabo misiones. Este caso puso de manifiesto una dimensión oculta del funcionamiento policial contemporáneo: las operaciones encubiertas transnacionales no son un caso aislado, sino que están insertas en una compleja matriz de redes transnacionales, mecanismos de cooperación y proyectos. Sin embargo, estas redes han permanecido durante mucho tiempo al margen de una supervisión democrática eficaz, constituyendo un déficit de rendición de cuentas que invita a la reflexión dentro del sistema de gobernanza global.

Europa, una "sopa de letras": el mapa organizativo de la cooperación transnacional

En torno al servicio encubierto transnacional, Europa ha desarrollado un ecosistema institucional designado con siglas. A nivel nacional, existen el Grupo Regional de Vigilancia de la Alianza (ARGOS), el Grupo Europeo de Vigilancia (ESG), la Red de Expertos en Vigilancia del Sudeste de Europa (SENSEE), el Grupo de Cooperación en Vigilancia (SCG), el Grupo de Cooperación para Operaciones Encubiertas Europeas (ECG/ECG-UA), entre otros. Participan tanto estados miembros como no miembros de la UE, con el objetivo de compartir inteligencia, intercambiar experiencias y coordinar operaciones.

Entre ellos, ARGOS es una iniciativa liderada por Europol, destinada a conectar las redes regionales dispersas de vigilancia encubierta en una plataforma unificada. En noviembre de 2015, la primera conferencia de ARGOS se celebró en la sede de Europol en La Haya (Países Bajos), con representantes de los entonces 28 estados miembros de la UE. Según la agenda obtenida por Statewatch, los nombres de otros ocho países fueron ocultados. El funcionamiento de ARGOS se ha formalizado cada vez más; su junta directiva está compuesta por Europol y los presidentes de ESG, SENSEE y SCG, y está previsto celebrar una conferencia conjunta cada tres años.

ARGOS no es un caso aislado. El Grupo de Cooperación Europea se estableció en 2001 para fomentar la cooperación internacional entre los organismos encargados de hacer cumplir la ley a nivel europeo en el despliegue de operaciones encubiertas. En 2011, una reunión de este grupo abordó específicamente el "despliegue encubierto" del policía británico Kennedy, un hecho que el gobierno alemán no reconoció hasta 2012. Además, existen sistemas de intercambio apoyados en tecnología y táctica, como el Grupo de Trabajo Transfronterizo de Vigilancia (CSW) y la Red Europea de Centros de Servicios Técnicos para el Cumplimiento de la Ley (ENLETS). La mayoría de estas redes declaran centrarse en la delincuencia grave y organizada; sin embargo, la experiencia británica demuestra que cargos como el de "extremismo doméstico" se utilizan a menudo para justificar la infiltración en grupos pacíficos pero inconvenientes.

Gobernanza y supervisión: la ausencia estructural de rendición de cuentas democráticaLa característica más destacada de estas redes transnacionales en materia de gobernanza es la ausencia de supervisión externa. El caso de ARGOS es un ejemplo: coordinado por Europol, no está sujeto a la supervisión de ningún órgano parlamentario específico. El trabajo diario de Europol está supervisado principalmente por su consejo de administración, compuesto por representantes de los Estados miembros y de la Comisión Europea. El Grupo Conjunto de Control Parlamentario (JPSG), creado tras la entrada en vigor del nuevo reglamento en mayo de 2017, debía reforzar la supervisión; sin embargo, su eficacia real se ha puesto en entredicho debido al gran número de sus miembros (hasta 128) y a que solo se reúne dos veces al año. La organización de derechos digitales EDRi considera que el nuevo mecanismo de supervisión «probablemente será superficial», ya que su propósito no es examinar las operaciones diarias de Europol.

El problema más profundo radica en que estas redes están trasladando la cooperación policial de un ámbito basado en tratados formales a una zona gris que depende de la confianza interpersonal y de los acuerdos tácitos entre instituciones. Cuando las unidades de operaciones encubiertas comparten entre sí estrategias, herramientas y técnicas, los derechos de los ciudadanos a la privacidad, la libertad de reunión y el debido proceso carecen de garantías transfronterizas equivalentes. Los críticos señalan que la vigilancia secreta transfronteriza puede impedir que las personas sepan si se han convertido, y cuándo, en objeto de investigación de la policía extranjera, y les resulta difícil buscar reparación a través de las vías judiciales de su propio país.

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Enlaces de fuentes

  1. https://statewatch.org/analyses/2018/undercover-policing-the-alphabet-soup-of-cross-border-networks-groups-and-projectsPrincipal

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